2 de mayo de 2013

De héroes y clases

Este 2 de mayo, como todos los años, en esa comunidad autónoma inventada hace apenas tres décadas celebran con orgullo la gesta de sus héroes. Con la solemnidad que merece la ocasión, todas las fuerzas políticas (PP, PSOE, IU y UPyD) se unen en un pequeño escenario para recordar a aquellos insensatos que con apenas 3 fusiles, 2 cañones y 5 navajas intentaron plantar cara al mejor ejército de la época. Tras menos de 24 horas de combates y otras 24 de fusilamientos las muertes se calculan en torno a las 400. Aquel nefasto día, el primero en pasar por el sable a un imperial fue un imberbe Voluntario de Aragón.


Nos cansamos cada año de recordar la gran gesta de aquella capital donde el 99,99% de las personas se limitaron a no hacer nada y la gran sublevación termino con menos del medio millar de almas camino del otro barrio. Envidia de madrileños y sus puñeteros héroes de primera clase.

Cantaba el abuelo hace ya algún tiempo que los aragoneses “somos  como la humilde adoba que cubre contra el tiempo la sombra del hogar”. Pero quizás esa humildad, muchas veces, nos la imponemos unos a otros. Mientras los héroes de  otros lugares son ensalzados, recordados y honrados nosotros agachamos la cabeza, como si nuestra historia no fuera con nosotros. Como si los valientes de esta tierra fueran de segunda clase y no merecieran nuestro tiempo ni nuestro orgullo.

Desconocemos que aquel 2 de mayo de 1808, el primero en tener el valor de pasar por el sable a un imperial fue un imberbe Voluntario de Aragón. Que marco la diferencia entre el pataleo y la sublevación. Pero eso no nos importa, total, era aragonés.


Quizás revelarse ante el emperador más poderoso del mundo no es suficiente honroso. Nada, lo de Juan de Lanuza, defendiendo la LEY ante un emperador dispuesto a alcanzar su fin sin importar los medios, lo hacía cualquiera.

Quizás plantar cara al mejor ejército de la época durante más de 10 meses, con más de 60000 muertes entre sus muros, no merezca ser recordado. Lo de Zaragoza y los zaragozanos fue, prácticamente, un juego de niños.

Quizás morir en la hoguera por defender su libertad para pensar en Ginebra no te convierte en héroe. Lo de Miguel Servet, defendiendo su libertad para pensar lo que quisiera en 1553, era muy habitual.

Por eso aquí lo de honrar a los héroes no se lleva. Rara vez se recuerda a Servet, a Lanuza pretenden recordarle sólo los nacionalistas y los actos de recuerdo a los Sitios se hacen casi de tapadillo con una escasa afluencia de autoridades.

Somos lo que fuimos, y somos tan grandes porque ellos decidieron ser héroes. Pero confundimos humildad con silencio y en vez de recordar sus gestas y luchar para que no se repitan los errores los escondemos, condenándolos triste al olvido.

Va siendo hora de recordarles como merecen, con nuestro respeto y orgullo, porque sin ellos, hoy, no seríamos nada.

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