21 de febrero de 2013

21 de febrero de 1809 II


Hoy, al medio día, resuena el silencio por todo Aragón. Un silencio envuelto de honor y respeto hacia las  13.000 almas que arrastran sus cuerpos demacrados y enfermos ante una ciudad convertida en ruinas. Una colosal fosa a la que llamaban Zaragoza.

Apenas unas horas después de gastar su último aliento en la firma  de una Capitulación que les condenaba al exilio o a la muerte, los héroes de Zaragoza lucen sus harapos con la gloria de aquel que ha cumplido con orgullo, que lo ha dado todo. Todo por su familia, por sus posesiones y por su dignidad como hombre libre.  En 62 días, la casi bimilenaria ciudad, ha visto morir a más de 50000 personas entre sus patios, pasajes y callejones.
Imagen de "Zaragoza, ciudad sitiada" tomada por Luis Sorando

Zaragoza ha pasado en 10 meses de ciudad de las 100 torres a ciudad de las 100000 tumbas. Hasta aquellos que han logrado de la victoria reniegan de ella. Una procesión de cadáveres andantes, con apenas atisbos de vida, sale por la Puerta del Portillo. Esa puerta que vivió el orgullo de la gesta de la joven Agustina Zaragoza el pasado julio hoy ve a sus padres, hermanos e hijos desfilar ante el ejército en otrora sitiador y, desde hace unas horas, vencedor de esta carnicería que llamaron guerra.

La capital del valle del Ebro se ha convertido en un retrato fehaciente de la crueldad y barbarie de la guerra. Zaragoza es la ciudad de los 60.000 muertos.

Jamás debemos olvidar nuestra historia, lo que fuimos. Porque si lo hacemos, estaremos condenados a repetirla.

Jorge Muñoz Checa

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