21 de diciembre de 2012

21 de diciembre II


Zaragoza amanece entre el frío, el cierzo y la niebla. Podría ser como cualquier otro día, pero hoy en el calendario no solo marca el primer día del gélido invierno de 1808. Tras meses de espera, hoy la guerra ha vuelto a llamar tras la noble puerta de la ciudad. Como aquel impasible condenado que espera la caída sobre su gaznate del hacha tras la lectura de su sentencia de muerte, los zaragozanos permanecen orgullosos y erguidos ante la llegada de su cita con la historia, ante su inevitable destino. El ya no tan temido enemigo vuelve para cumplir su promesa de venganza. No fueron suficiente aquellos terribles 60 días de horror y barbarie hace apenas 4 meses que regresan con la bayoneta afilada por su segundo plato del menú.



La ciudad de las 100 torres, la bella Florencia española en febrero habrá pasado, en menos de 9 meses, a convertirse en el fosal más grande de Europa. Un macabro retrato de la crueldad y barbarie de la guerra.


Aunque la experiencia de aquellos combates les ha cambiado, ya no son los mismos. Han perdido la altanería que lucían en junio. Sus rostros lucen unas cicatrices que no esperaban recibir, mientras que en sus ojos brilla el temor y el respeto ante el que ahora consideran un digno adversario. Esta vez saben que no van a pasearse, las órdenes del Emperador son claras: conquista, humillación y destrucción. No es una cuestión de complicada estrategia militar para controlar el Ebro, es algo personal, es el honor del Imperio la peligrosa apuesta de este partido.


Ni compasión ni piedad, Zaragoza debe ser la cátedra de lo que les ocurre a aquellos que se oponen ante los intereses de Francia. O toman la ciudad, o no quedará ciudad que defender. Esta vez solo hay un camino, volar la ciudad hasta que caigan la voluntad, la soberbia  y la dignidad de esos valientes insumisos.
Aunque entre sus muros vayan a caer miles de arrogantes soldados que, al amparo de la modernidad y el cambio, pretenden imponer sus ideas de libertad y desarrollo bajo la dictadura de las armas.

Y es que hace 203 años, tal día como hoy, comenzaba el Segundo Sitio de Zaragoza. Más de 100.000 almas hacinadas en una ciudad preparada para 45.000 habitantes. Sufrirán hambre, enfermedades y, en el mejor de los casos, la muerte. Cerca 50.000 personas morirán en apenas 2 meses. No importan los bandos, aquí en esta inmortal ciudad no se defienden ideales, privilegios o formas de ver el mundo. Unos buscan un salario que ven insignificante ante tan miseria y otro defienden a sus mujeres y maridos, a sus hijos, a sus padres, su casa o, simplemente, su vida.


Pero eso parece que hemos dejado que se olvide. 6000 de aquellos que hace apenas 200 años murieron hoy descansan bajo una dignísima capa de hormigón y asfalto en Macanaz, donde no hay ni una simple placa que les recuerde.

Va siendo hora de que dejemos de una vez nuestros complejos escondidos en un cajón y presumamos de lo que somos, de lo que fuimos y de todo lo que podamos llegar a ser. Saquemos a relucir nuestra historia, hagamos que vengan viajeros de todos los lugares a conocerla. Hagamos pedagogía con nuestra terrible experiencia. Que Zaragoza sea el nombre que recuerde las consecuencias de la barbarie y desgracia que es la guerra.

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