21 de diciembre de 2011

21 de diciembre

Amanece un frío día en la ciudad de Zaragoza, podría ser como un día cualquiera pero hoy la espera ha terminado. Como un condenado a muerte que espera a la caída del hacha, los zaragozanos permanecen impasibles a la llegada del temido enemigo. No tuvieron suficiente hace apenas 4 meses que han vuelto. Pero ya no son los mismos, han perdido la altanería que lucían en junio. Ya no vienen a pasearse, vienen a conquistar, a humillar, a arrasar. No es cuestión de estrategia, es algo personal, es una cuestión de honor.



Esta vez no habrá compasión, no habrá piedad. O toman la ciudad, o no dejan ciudad que defender. La táctica es clara, volar la ciudad hasta que se rinda…

Hace 203 años, tal día como hoy comenzaba el Segundo Sitio de Zaragoza. Más de 100.000 almas encerradas dentro de una ciudad de apenas 45.000 habitantes que sufrirán hambre, enfermedades y muerte. Más de 50.000 personas morirán en apenas 2 meses. No defienden ideales, privilegios o formas de ver el mundo defiende a sus mujeres o maridos, a sus hijos, a sus padres, su casa, su vida. Cada casa se convierte en un fortín inexpugnable.

¿Y hoy qué nos queda? Hemos presumido de Zaragoza romana, de Zaragoza de las tres culturas, de Zaragoza Congresos pero hemos sido incapaces de vender aquello que nos ha hecho únicos. Que nos equipara con las míticas Numancia, Cartago, Constantinopla o Estalingrado. Nuestros complejos y nuestra incultura nos han impedido recordar unos acontecimientos que nos convierten en lo que somos.

No tenemos más ruinas que Roma, no podemos compararnos con Toledo y sus tres culturas, no podemos organizar los congresos que organiza Madrid, pero si tenemos algo único, exclusivo.

Las recreaciones que se han hecho han sido un éxito, la exposición sobre Los Sitios del Bicentenario batió todos los records de visitas.

Va siendo hora, con estas crisis que nos hunde, de buscar un motor turístico que nos catapulte, el anhelado Museo sobre Los Sitios de Zaragoza que solo podemos ver en la web de la Asociación “Los Sitios de Zaragoza”. ¿Cuánta gente vendría a ver la recreación bienal que iba a hacerse? ¿Y la Casa Palafox? ¿Y la fosa de Macanaz?
Dejemos de una vez nuestros complejos escondidos en un cajón y presumamos de lo que somos, de lo que fuimos y de todo lo que podamos llegar a ser, porque entre los vivos, siempre habrá una lengua viva para gritar que Zaragoza no se rinde!

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