21 de agosto de 2011

Fue un 14 de agosto

Comienza el 14 de agosto y el olor a pólvora quemada inunda toda la ciudad. Todavía se ven las llamas ondeando sobre la iglesia de Nuestra Señora de Gracia. Bailan al son de una macabra música orquestado por el viento que nos recuerda lo que hasta ayer vivía nuestra Zaragoza invadida por bombas, bayonetas y sables. Los cañones, ya silenciados, apuntan al vacio, los muertos yacen por doquier y las calles se llenan de alboroto. Los gritos ya no son de dolor, pero tampoco de alegría. Los brazos de aquellos que ayer luchaban hombro con hombros hoy portan, con expresión de cansancio, cadáveres en vez de fusiles…

Así amanecieron nuestros antepasados un día como hoy hace más de 200 años cuando, durante dos meses, sufrieron un terrible cerco por parte de las tropas imperiales francesas. Convirtiendo con su resistencia, valentía y firmeza a Zaragoza en un símbolo de fuerza, heroísmo y libertad.


En cualquier otra ciudad esto sería motivo de orgullo, cuanto menos de respeto y homenaje pero lo más triste es que puede que esta carta sea el único recuerdo que reciban. Relegados en una ciudad que comete la osadía de mirar al futuro olvidando su pasado, lo que fue, lo que le ha hecho llegar a lo que hoy es.

Aun flotan en el aire recuerdos del Bicentenario, ya vagos ecos de lo que pudo ser y no fue… ¿Qué fue del anhelado Museo sobre Los Sitios de Zaragoza? Existe solo en la web de la Asociación “Los Sitios de Zaragoza”. ¿Qué fue de la recreación bienal que iba a hacerse? Pregúntenle a Jerónimo Blasco… ¿Y la Casa Palafox? ¿Y la fosa de Macanaz? Y un cada vez más largo etcétera de preguntas que quedan sin responder en una ciudad que pretende conjugar todos los verbos solo en futuro enterrando su pasado en aras de una supuesta modernidad acomplejada. Un futuro sin pasado, un seré sin fui.

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